Conciertos

CUANDO ARIEL PINK LLEGÓ AL MUELLE DE C3 EN GUADALAJARA

15 de febrero de 2018, la noche en la que el buque Ariel Pink llegó al muelle de C3 Stage…

Por Victor De Caso

Al hablar de embarcaciones exóticas se me viene a la mente aquel submarino alemán UC-20 a cargo del teniente Heinrich Kukat que cargaba con un camello libio a petición de un jeque como agradecimiento por el suministro de armas en tiempos de la Primera Guerra Mundial o aquella embarcación que llevaba desde el puerto de Baltimore cientos de sintetizadores Korgs, Moogs y Hammonds a una exhibición a Rio de Janeiro y que desapareció “misteriosamente” y fue encontrada meses después en São Nicolau, islas pertenecientes a Cabo Verde. Ante el regalo de altamar, el líder revolucionario anticolonialista, Amilcar Cabral, ordenó que los instrumentos fueran repartidos en las escuelas de música locales, resultado: esa movida llamada “sonido cósmico caboverdiano”.

Con ese halo excéntrico llegó mi primera toma de contacto con este buque sonoro nombrado Ariel Pink, otrora Ariel Pinks Haunted Graffity, escuchar sus primeras grabaciones era como girar el sintonizador rápidamente en el cuadrante y encontrar joyas lo-fi ensambladas por doquier. Temas hilvanados con diversas tesituras de voces, distorsiones y cambios repentinos sin abalizar, era un libertinaje total made in LA, un microcosmos expuesto; refrescante e imperfectamente auténtico.

Tras cinco años sin disco, el capitán, Ariel Marcus Rosenberg se engachó a la historia de Bobby Jameson, un músico difunto sesentero que debido a su manager quedó arruinado y una vez inconclusa su carrera al estrellato se llenó de amargor y drogas que supuró en un blog. Con estas memorias Ariel contempló desde los barandales de la proa el mar bravío y decidió cambiar la hoja de ruta, retomó los controles de su navío para regresarlo a aguas conocidas, allá donde no llegan las tempestades; a su cuarto: el mejor estudio que ha tenido.

En su visita a Guadalajara con los prácticos de puerto, ACK Promote, el buque Ariel Pink presenta en su cubierta en el muelle de C3 Stage: batería Ludwig, bajo Precision Fender con amplificador Ampeg, Jaguar carmín, sintetizador Yamaha Motif  XS6 con lap top al lado, dos bases de micrófono, una con un pandero; Viento a nuestro favor, ninguna banda abre.

El concierto zarpa con frases en español y con la alucinante Nightime is Greatsólo disponible en la edición delux en vinil del nuevo álbum Dedicated to Bobby Jameson, el switch ha sido activado y todos los marineros grooves con rostros alumbrados por neones ya se mueven en la pista.

Ariel porta rutilante camisa azul fajada de escarola con pedrería cargada y labios pintados de color blanco. Las sorpresas inician: Don Bolles (ex baterista de The Germs) se sitúa al micrófono y Kenny Gilmore ahora está a cargo del bajo tras haber tocado la guitarra y teclados en discos anteriores.

Con el vaivén de las olas escuchamos: White Freckles, Time to Live, con su poderoso ritmo semilento y caótico conducida por esa línea de bajo grunge. Ariel tiró de repertorio con sus particulares recursos: desde silbidos a exhalaciones aparentando una ventisca que tanto funcionan con delay. Don Bolles también dio lustre a la puesta en escena con su ushanka, muecas y movimientos que envidiaría Marcel Marceau.

A petición del vocal se bajaron las luces y escuchamos la irónica e industrial cold wave de coros en árabe, Time to meet your good y a continuación una debacle anímica, el weirdómetro llegó a tope cuando tocaron Hold your breath and wait, rara avis dentro de su repertorio, esa melodía de noche sin luna, dejaba cuerpos meciéndose a merced del oleaje, en ese momento, no sabía si el casco de nuestra embarcación estaba averiado, si íbamos a pique… la abnegación melancólica era eminente por babor y estribor, esto estaba inundado, con los peligros que eso conllevase ningún mecanismo de alarma se activó, estábamos en un burbuja que otorgaba equitativamente vacío y felicidad, era como una fiesta indie rocker de inicios de los noventas, vamos a pocos nudos y a pesar de oír los roces con esas rocas agujas en esos canales australes incomunicados, toda la tripulación aceptaba su destino, un horizonte desolador; sonaba tan triste como un balneario en domingo en Benín a punto de cerrar.

Después sonaron la estelar y nocturna balada de Feels like Heaven, la remasterizada I Wana be Young y Dreamdate Narcissist que me trasladó al desenfrene del garage rock sesentero conduciendo un Alfa Romeo Spider o un Lincoln Continental.

Ariel cantó desde las entrañas, era una introspección profunda, fueron contadas las veces que abrió los ojos: la cangurera atravesada diagonalmente de Titos (vodka texano artesanal), la mano en la bolsa, el caos y los delays, inmortalizaban su estampa de héroe underground.

También sonó la hipnótica One summer night, Alisia de House Arrest, A tomb all your own con su culminación noise, estábamos sumergidos en una fiesta depresiva en el camarote de este navío que irradiaba el soundtrack ideal para ir serpenteando por Dar es-Salam y Freetown, íbamos a merced de un músico que daba golpes de timón hacia el abisal y dejábamos atrás las bahías de Before Today, Mature Themes, Worn Copy, Pom Pom y  Oddities and Sodomies Vol 1.

EN EL ENCORE

La agrupación optó por un temazo de psicodelia obscura Dedicated to Bobby Jameson donde Joe hace reverberar con majestuosidad los sintes. Siguió la energética Bubblegum Dreams y además deleitaron con canciones que eran como animales extintos pero brillaron iridiscentes: primeramente la surfer Bright lit blue sky y luego el himnazo indie terminado a capela por toda la tripulación Round and Round.

¿Temas faltantes? Claro, Kitchen Witch. Acting, Not enough violence, Only in dreams, Fright night, pero conociendo lo impredecible de Ariel en sus actos en vivo, solamente aplaudí que no se fuera del escenario después de que le aventaran una gorra amarilla que le dio en la cabeza, de hecho, no se inmutó y tres canciones después se la puso.

A este buque sonoro le quedan mares por surcar. Ariel ha sabido capear el temporal que le atormenta. Estratégicamente ha encontrado el barlovento para abstraerse de su figura; una banda, un segundo vocal… esta embarcación continuamente a punto del siniestro ha sabido achicar agua como lo indica su onceavo álbum, esta última vez remolcado por otro buque ya fantasma llamado Bobby Jameson. Puro esoterismo naval en el mundo del lo-fi.

 

 

 

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